Un golpe de realidad



23 marzo 2020

Hoy tuve que salir al banco. Tenía que ir forzosamente porque mi aplicación en el celular estaba desconfigurada y no podía hacer mis trámites en línea lo cual es algo indispensable durante estos tiempos en que debemos quedarnos en casa. Quise salir a tiempo para estar en la puerta apenas abriera el banco para no tener que esperar mucho en la calle. Dentro del fraccionamiento donde vivo no hay bancos, el más cercano está a unos quince minutos de distancia en coche, así que para allá fui.

En el trayecto vi mucha gente en la calle, comercios abiertos, personas encaminándose hacia sus trabajos. El ánimo que percibía sin duda era de incertidumbre, pero también de necesidad. Esas personas, o muchas de ellas, estaban en la calle porque sino ese día en su casa no comerían.

Al llegar a la puerta del banco había un letrero que decía que por motivos del Covid-19 estaría cerrada esa sucursal. Se me fue el alma al suelo. De pronto me dio miedo. Lo primero que pensé fue “tengo que hacer esto hoy y ya”. Me fui rápidamente de vuelta al coche. Me limpié bien las manos, limpié el volante y me encaminé al banco al que siempre suelo ir. Al pasar por enfrente, mi mente jugó conmigo y lo vi cerrado. Ahí casi entré en pánico. Pero me estacioné y respiré. Decidí bajarme del coche y ver con mis propios ojos si había un letrero también en la puerta. Mi corazón regresó a su lugar cuando vi que estaba abierto y prácticamente vacío, quizá solo había cinco personas adentro y todas guardando sana distancia. Me encaminé hacia una ejecutivo que me atendió sumamente amable terminando así la activación de mi aplicación del celular en menos de quince minutos.

¿Qué observé en el banco? Que no tenían gel antibacterial en la entrada, que aunque creo que no es su obligación como tal, deberían de tenerlo más por el bienestar de sus empleados que por otra cosa. También vi que en los escritorios de los ejecutivos tampoco había gel, ni toallitas desinfectantes, ni nada parecido para que ellos limpien de manera constante su escritorio. Lo que me pareció increíble es que hubiera tan poca gente, me fui deseando que así se mantuviera durante todo este tiempo. Que la gente optara por hacer todos sus trámites por línea o por teléfono y fueran solo a lo más indispensable al banco. Estando de regreso en el coche no pude más que pensar en una de mis hermanas que trabaja en un banco. Recé para que la gente que acudiera a su sucursal fuera por lo estrictamente necesario.

Al ir manejando de regreso hacia mi casa vi el boulevard despejado de tráfico, al parecer de ese lado de la ciudad la gente sí podía estar en cuarentena. ¿Acaso se debía a que ahí vive un sector más privilegiado de la población y podían permanecer en casa sin el temor de qué comerán en el mes?

Antes de llegar a casa me detuve en el supermercado que está dentro del fraccionamiento donde vivo para comprar una escoba que justo esa mañana se había roto. Entré al super y aunque fuera temprano estaba más vacío de lo que usualmente suele estar. Fui directo por la escoba y de ahí a pagar. Ya estando en caja me percaté que las cajeras tenían todas cubrebocas y que ya no había personas empacando. Todos ellos habían tenido que retirarse a sus casas por ser adultos mayores y por ende pertenecer al grupo de población con más riesgo de tener complicaciones graves en caso de enfermarse.

No pude más que regresar a mi coche con el ánimo abajo. Mis pensamientos estaban en todos aquellos que viven de trabajos informales, en los emprendedores como Vero y como yo que tenemos un futuro próximo y distante muy incierto. La ansiedad se apoderó de mí, tuve que hacer ejercicios de respiración antes de encender el coche, me concentré en repetir la rutina de limpieza y me fui a casa.

Tuve mucho cuidado al llegar, antes de entrar a casa limpié bien la escoba. Ya estando en la puerta me quité los zapatos, me desvestí, subí a lavarme las manos y a ponerme ropa de casa, bajé y eché a lavar la ropa de calle, me volví a lavar las manos y me senté con mi familia a contarles todo lo visto en el exterior.

El día termino con el dólar por los cielos, tuve que cancelar ciertos pagos importantes que giran en torno a mi consultorio y que son en dólares. Para las diez de la noche ya estaba agotada mentalmente, así que a esa hora me preparé para dormir.

¿Qué nos depararía el día siguiente? Ansiedad, esa condición que surge de sobre pensar en el futuro y angustiarse por lo que pueda pasar. Por cierto, yo tengo ansiedad y depresión. Pero de eso mejor te cuento otro día.

Saludos.

Lorena

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Veracruz, Ver.

dralorenaherrejon@hotmail.com

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Médico Especialista en Obesidad

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